La Universidad del Valle, a través de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, construye escenarios de paz para el Valle.
A través de los años, la guerra ha propiciado diferentes espacios de investigación en campos como la ciencia, la medicina, las ingenierías, las humanidades y las artes.
De la relación guerra-ciencia nos hemos beneficiado por el avance en la manipulación de productos químicos para la fabricación de medicamentos, plaguicidas y herbicidas; nuevas técnicas y métodos de almacenamiento y empaquetamiento de alimentos, internet y el control de enfermedades y plagas, entre otros, pero también hemos visto su relación más oscura con la producción de armas biológicas y poderosas bombas, por mencionar algunos.
Este largo historial de servicio que tienen la ciencia y la tecnología para con la guerra, nos hace cuestionar sobre los aportes que pueden realizar a la paz en nuestro país, sobre todo ahora que se acerca un posible escenario de posconflicto. En ese sentido, es necesario preguntarnos ¿cuál es el papel de la universidad, y en nuestro caso de las ciencias, en la construcción de un ámbito de paz, pensado en el desarrollo social y económico del país?
La academia, en general, ha trabajado con anticipación en proyectos alternativos para que los campesinos, tal vez los más afectados por el conflicto, tengan a su disposición herramientas de trabajo efectivas, rentables y alejadas de la ilegalidad, además de estrategias y planes de apoyo a todas las personas en situación de víctimas de los diferentes tipos de violencia bajo el marco del conflicto.
La Facultad de Ciencias Naturales y Exactas de la Universidad del Valle, a través de la formación científica, asume la construcción de una sociedad más justa y democrática. El profesor Walter Torres Hernández, decano de la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, reconoce que se pueden trabajar estrategias para el desarrollo de las regiones más golpeadas históricamente por el conflicto armado “con estudios sobre biodiversidad, factibilidad de desarrollo de empresas de base biotecnológica y de estrategias sostenibles en agricultura que permitan la reactivación económica de las zonas afectadas”. Añade que este es un punto de discusión en el Plan Estratégico de la Facultad 2025 y aclara que este va de acuerdo con el Plan Estratégico de la Universidad.
Para la región
La academia y los gobiernos departamentales están definiendo estrategias adecuadas para promover la cultura de la paz, una de ellas contempla la creación de centros educativos en zonas afectadas por la violencia para reforzar y aumentar la oferta educativa; la realización de foros de discusión donde se escuche a las personas en situación de víctimas del conflicto y se discuta acerca de la participación política de quienes dejan las armas, el desarrollo agrícola y la sustitución de cultivos ilícitos; entre otras.
Estas acciones requieren del compromiso de las instituciones de educación para promover el respeto y la tolerancia entre sus estudiantes. En ese sentido, cabe resaltar el trabajo adelantado por la Universidad Autónoma de Occidente, la Universidad del Cauca y la Universidad del Valle en la sede Norte del Cauca (Santander de Quilichao). “Allí estamos trabajando en un programa de maestría y doctorado en Bioingeniería, con la participación de las facultades de Ingeniería, Ciencias y Salud. Queremos darle mucha vida académica al norte del Cauca”, expresa el profesor Walter Torres.
La Facultad también se acerca a sus sedes regionales con iniciativas de divulgación científica como los ciclos de conferencias Ciencias en la Biblioteca y Ciencia, Universidad y Región, con las que busca acercar el conocimiento científico a los habitantes de Cali y las zonas circunvecinas, el departamento del Valle y el norte del Cauca.
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Por otro lado la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas, y la Universidad en general, trabajan en el fortalecimiento de las sedes del suroccidente colombiano que se encuentran en zonas donde el conflicto armado ha generado pobreza y pocas oportunidades para sus habitantes. De acuerdo al profesor Torres, existe un gran interés “en que se formen nuevos programas de doctorado en las sedes; en la medida en que nosotros podamos aportar, ayudamos a la economía de la región y a los cambios en las actividades de las personas con otros tipos de oportunidades, así contribuimos a la paz”.
Para los jóvenes
Además de los doctorados y diferentes estudios ofrecidos por la academia, es importante resaltar el compromiso de los estudiantes en las campañas en las diferentes sedes en pro de la sana convivencia, el cuidado del ambiente y el respeto de los derechos humanos dentro y fuera de la institución; campañas que incitan a la no violencia.
La Universidad, a través de la Facultad, adelanta proyectos con los sectores público y privado, pero también realiza proyectos de enfoque social como el Semillero de Ciencias y las Olimpiadas Regionales de Matemáticas, que trabajan con estudiantes de instituciones educativas públicas y privadas de la región.
El Semillero de Ciencias, liderado por el profesor Luis Cornelio Recalde, es un plan de proyección social, dirigido a estudiantes de sexto a once, que busca estimular el interés y el gusto por las ciencias, encauzando la curiosidad de los estudiantes hacia la comprensión de los procesos matemáticos, físicos y químicos, a través de diversos enfoques pedagógicos.
Los estudiantes reciben atención directa de los docentes, organizan discusiones grupales, exposiciones, talleres individuales y colectivos; plantean y solucionan juegos y pasatiempos; además realizan prácticas de laboratorio y prácticas en campo dirigidas. También reciben el respectivo material de estudio, carné del semillero y, al final del ciclo, certificado de asistencias e informe de rendimiento académico.
Este programa se ha posicionado a nivel regional con notable incidencia en la formación científica de los jóvenes. Durante los dos ciclos de 2015 participaron más de 1200 estudiantes de instituciones educativas públicas y privadas de Cali, Yumbo, Cerrito, Candelaria, Palmira y Jamundí, en el Valle del Cauca; y de Puerto Tejada, Santander de Quilichao, Miranda, Caloto, Pradera y Guachené, en el Cauca.
La profesora Doris Hinestroza, del Departamento de Matemáticas, resalta que a los semilleros asisten niños de escasos recursos que al entrar por primera vez a la Universidad “se les muestra que hay posibilidades de vida, de futuro, que ellos pueden ser profesionales”.
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Las Olimpiadas Regionales de Matemáticas - ORM, se inscriben también dentro de los programas de proyección social de la Universidad. El proyecto es liderado por el profesor Gonzalo García Camacho del Departamento de Matemáticas, y su objetivo principal -más allá de la competencia- es mejorar la calidad de la educación matemática en las instituciones educativas de la región y del país, estimulando su estudio y promoviendo espacios lúdicos de sana competencia e intercambio de experiencias académicas.
Las ORM están enfocadas a estudiantes de grados sexto a once y se desarrollan a lo largo de todo el año, alcanzando en 2016 su versión número 10; superando con creces la participación de 9.600 estudiantes de 194 instituciones educativas públicas y privadas del país.
En las Olimpiadas se estimula en los jóvenes habilidades de pensamiento como razonar, conjeturar, comprobar, investigar y demostrar. Además, los docentes reflexionan sobre el conocimiento y las habilidades matemáticas que inciden en la cultura del salón de clase, lo que hace posible la incorporación del conocimiento matemático a la vida cotidiana.
Visite: Olimpiadas Regionales de Matemáticas
Para el agro
Actualmente la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas adelanta proyectos tendientes a fortalecer el agro, punto importante en las estrategias de construcción de paz. Ejemplo de ello son las actividades del Centro de Investigación e Innovación en Bioinformática y Fotónica - CIBioFi, que tienen implicaciones directas en las comunidades.
CIBioFi, dirigido por el profesor John Henry Reina, emplea las ciencias de la luz, la biotecnología y la informática para el mejoramiento de la productividad y la competitividad de los agricultores y el cuidado del ambiente, perfilándose como un líder a nivel de desarrollo de nuevas tecnologías que puedan ser utilizadas para el desarrollo del sector agrícola de una manera más precisa y confiable.
El proyecto y las actividades ligadas a él tienen implicaciones directas en las comunidades al crear estrategias de cultivo e implementando nuevas tecnologías en pro de mejorar todos los niveles de la cadena de agroproducción, y promover la interacción entre distintas áreas del conocimiento, como las ciencias básicas y la ingeniería, para resolver problemas que afectan campos prioritarios de desarrollo científico, como el impacto directo en la agro-producción regional, la integridad del medio ambiente y el bienestar de los ciudadanos.
Otro proyecto de la facultad con impacto en el agro y en la salud es el proyecto Tándem entre la Universidad del Valle y el instituto Max Planck de Alemania. En este proyecto a la Universidad del Valle le corresponde indagar en la metabolómica, campo emergente de la ciencia que estudia metabolitos celulares usando métodos instrumentales de análisis y herramientas matemáticas para análisis de información.
Algunos de los posibles estudios que se podrán desarrollar son la caracterización fenotípica de organismos genéticamente modificados, determinación de la función de genes, y observación de la respuesta de organismos sometidos a estrés biótico o abiótico. Estos estudios tienen aplicaciones en la agricultura, la medicina y las biotecnologías, siendo de interés también para los institutos y centros de la región, como el CIAT, Cenicaña o Cenicafé.
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Para las comunidades
El Grupo de Investigación en Productos Naturales y Alimenticios, GIPNA, de la Facultad realizó el proyecto Semillas para la Paz, que propuso como opciones para la sustitución de cultivos ilícitos la Jatrofa (Jatropha curcas) y al Pipilongo (Piper tuberculatum).
El profesor Jaime Restrepo, director del proyecto, define estas especies como “plantas muy nobles”, porque “crecen en terrenos difíciles que les da una fortaleza biológica que no tienen otras plantas”, además, sus propiedades le brindan grandes posibilidades comerciales a sus cultivadores independientemente de la calidad del suelo donde se siembren.
Con este proyecto la Facultad propone alternativas amplias y de fácil ejecución, como señala el profesor Restrepo, “dan un arcoíris de posibilidades durante la siembra”, lo cual ampliará las opciones de los campesinos ante el monocultivo.
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Sobre el papel de la Universidad en el proceso de paz, el rector Edgar Varela Barrios manifiesta que “la Universidad del Valle deberá estar en condiciones de hacer un valioso aporte a ese proceso desde todas sus actividades académicas y sus múltiples saberes. Si como se ha dicho, Cali va a ser la capital del posconflicto, nosotros debemos ser la universidad del posconflicto. Es una responsabilidad histórica que debe ser asumida desde la academia con una contribución reflexiva y eficaz a la creación de una sociedad más integrada y equitativa”.
En este 2016 y los años venideros Colombia unirá esfuerzos en torno a la paz y empezará a trabajar en el nuevo escenario que plantea el posconflicto. En ese sentido, la Facultad de Ciencias Naturales y Exactas seguirá encaminando esfuerzos para fortalecer su oferta y calidad educativa en todo el suroccidente colombiano, continuando con los proyectos de investigación y los programas de proyección social que generan beneficios y oportunidades para las comunidades.





